«…
Cuando el individuo se vuelve obsesivo en la manera de hacer las cosas, está descuidando las cosas en sí. No le importan. Muchas veces la obsesión esconde un plan consciente para lograr el desapego, automatizando todos los aspectos mundanos para no tener que pensar en ellos. Ese intento por desapegarse de lo material se vuelve causante de desorden y de infelicidad.
…»

Gran verdad encontrada en un folleto budista anónimo.
La imagen de estas gomas tan bien ordenadas, procede de Things Organized Neatly.

«…
Por fin Harry vio algo moverse en la maleza, acechó durante unos segundos, respiró hondo y se lanzó hacia el escondite dispuesto a disparar.
– No te conviene, somos tres. – dijo Mike, agazapado junto a El mexicano.
– No, sois dos.- Respondió Harry ante la evidencia.
– Contigo tres, nos quieren matar los mismos.
…»

Arranque de las andanzas de la banda de Mike Gordon en Un brindis por John Wayne de Alfred Kane.

«…
Mariola estaba en esa edad en la que se acepta que los días no traerán ya muchas alegrías. Llevaba una buena temporada evitando emprender proyectos, y estaba convencida de que no le podían salir al paso más que desgracias.
…»

Donde dije bueno digo basta de Eva-Carla Marcos.

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– Claro, me fío de los que llevan una bata blanca.
– Está muy bien eso, y ¿te fías también de los que se las venden?
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Jean-Pierre y Mike, cocineros del Seven Oaks General Hospital, donde transcurre la película Después de las comidas de Jean-Claude Lord.

«El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”

Vista de gran angular de una ciudad

Párrafo final de Las ciudades invisibles de Italo Calvino.

«La primera fuerza, irresistible, irremediable e irrefutable, es la gravedad; la segunda, la curiosidad.»

Alexander Calder, escultor estadounidense, especialmente conocido por sus esculturas móviles.
En la imagen, Big red, obra de Calder.

«Los recuerdos desagradables no se olvidan: no se borran, sino que se sustituyen. Afortunadamente, otros recuerdos recién llegados los cubren y lo que no debe ya estar a mano va a parar al fondo de la pila.»

Algunos consejos prácticos sobre sostenibilidad emocional de Lawrence Jacobi.

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Llegan informes preocupantes sobre la situación en la Puerta del Paraíso. Centenares de millones de almas, en su gran mayoría de bebés, llenan los campos de refugiados que se han instalado en la zona de acceso al Cielo.
Esta situación se está produciendo desde que, en 2007, el Vaticano decidió abolir el Limbo, lugar donde iban a parar las almas de los niños que, sin haber tenido tiempo de cometer pecado alguno, no habían recibido el sacramento del bautismo. La nómina de almas que habitaba en el Limbo era, por supuesto, muy numerosa. Pero por falta de cifras precisas, la organización no supo prever la avalancha de los que, provenientes del Limbo, se suman a la también cuantiosa nómina de fallecidos que deben ingresar en el Paraíso y que la burocracia celestial no consigue absorber. Testigos oculares describen la escena como “dantesca”.
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En Los refugiados del Limbo de Armando Vitale.
En la imagen La bajada de Cristo al Limbo de Agnolo Bronzino.