Llevar las cosas al día
«En estos tiempos conviene, más que nunca, llevar las cosas al día: la mente, el cuerpo, la intendencia y los afectos.»

Consejo de un psicólogo en un debate radiofónico.
Imagen de SayuriMVRomeo.

Consejo de un psicólogo en un debate radiofónico.
Imagen de SayuriMVRomeo.

El sociólogo Jaume Coll.
En la imagen, el repertorio básico de emociones: ira, asco, miedo, felicidad, tristeza y sorpresa, dibujadas por Scott McCloud.
«Lo contrario de la risa no es el llanto, es el miedo.»
El gran Ignatius Farray, gurú de Occidente.

«Hay un momento donde el absurdo tiene razón. (…) El cerebro que va hacia el absurdo sobrevive y lo entiende, se relaja y lo deja pasar, y se ríe.
En la vida, que es así, dos más dos es diecisiete. (…) O te ríes de ello y te burlas o te vuelves una persona agria.»
George Harris, cómico venezolano.


La cómica Taylor Tomlinson en su especial Quarter-Life Crisis.
«Cuando falta la visión el arte se convierte en algo extrañamente inconsecuente, como la música de ascensor, los payasos llorones o la pizza congelada.»
«La mayoría de las buenas ideas tienen antepasados tontos, feos o aburridos.»

Felix Scheinberger en su libro Ser ilustrador – 100 maneras de dibujar un pájaro o cómo desarrollar tu profesión.
En la imagen, una de las ilustraciones del libro, de Ute Helmbold.
«La hipocresía es máxima, (…) la gran obra infantil que te enseña a no mentir está basada en una mentira: (…) La idea de Pinocho es ‘si mientes, te crece la nariz’. Eso es mentira.»

Álex Gozalo en un episodio del podcast Movidas Minúsculas, dedicado a la mentira.

El escritor Juan José Millás, sobre los talleres de escritura.

Uno de esos titulares de la verdad en el Munday Today.

Aforismo atribuido a Mark Twain y a Oscar Wilde, usado por Abraham Maslow, el de la pirámide, y recogido en Las Leyes de Murphy como «Observación de Baruch» en honor a Bernard Baruch, consejero de los presidentes Woodrow Wilson y Franklin D. Roosevelt.
«Manuel se sintió de pronto mejorado (quizás curado) de una enfermedad crónica, una enfermedad sin nombre que él mismo nunca había llamado enfermedad, sino sencillamente ‘mi manera de vivir’.»

En «Sugar-daddy», uno de los Cinco relatos sobre la falta de sustancia, de Álvaro Pombo.