Exquisiteces: Fascículo 52
Serie Plantas
Pentífido

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«…
Sólo en el arte culto, adulto, posterior, el código importa más que el mensaje. El adulto hace un cuatro cuando tiene que contar cuatro. El niño, en su cuatro, pone el alma y la vida. Se lo juega todo en cada cuatro, como el hombre primitivo en cada ciervo.
…»

Reflexiones de Francisco Umbral en Mortal y rosa.

Estos pobres expendedores que proliferan en nuestros lavabos están condenados a ser ingratos desde el mismo momento de su creación. Nunca permiten a sus usuarios servirse más que insuficientes trocitos de papel, en pequeñas y frustrantes dosis. Se podrá rebatir que se trata de una medida de austeridad para economizar papel. Ante eso diré dos cosas:
La primera, también de intenciones austeras podría estar el infierno lleno.
Y la segunda, ¡no está funcionando!
Dejen de tratarnos paternalistamente como a inconsistentes despilfarradores de papel y, sobre todo, no obliguen a estos pobres expendedores a ser tan roñosos y déjenlos expender con ganas, sin esa ridícula expresión mojigata.
Pd: ¿Por qué estos expendedores de papel van invariablemente acompañados de expendedores de jabón de manos en espuma? ¿Nuestras manos no merecen algo más que un triste escupitajo de aire espumoso?


