ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras: Fascículo 8

El expendedor de papel de boquita de piñón

Estos pobres expendedores que proliferan en nuestros lavabos están condenados a ser ingratos desde el mismo momento de su creación. Nunca permiten a sus usuarios servirse más que insuficientes trocitos de papel, en pequeñas y frustrantes dosis. Se podrá rebatir que se trata de una medida de austeridad para economizar papel. Ante eso diré dos cosas:
La primera, también de intenciones austeras podría estar el infierno lleno.
Y la segunda, ¡no está funcionando!
Dejen de tratarnos paternalistamente como a inconsistentes despilfarradores de papel y, sobre todo, no obliguen a estos pobres expendedores a ser tan roñosos y déjenlos expender con ganas, sin esa ridícula expresión mojigata.

Pd: ¿Por qué estos expendedores de papel van invariablemente acompañados de expendedores de jabón de manos en espuma? ¿Nuestras manos no merecen algo más que un triste escupitajo de aire espumoso?

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