Nuevos hallazgos han llegado hasta nuestras manos.
Por fin el Profesor Mah nos ayuda a saber la cara que tiene un profesor:

Reencontramos al Maestro Karamba, con renovado diseño:

Conocemos al Maestro Bala, quien, desafortunadamente, no abusa de su nombre para hacer apología de la rapidez de los resultados que dice lograr:

Y reencontramos también al Maestro Ablae, a quien no prestamos suficiente atención en su primera aparición:

Suscribo las dudas del caballero Machete, otro siervo-recolector de la orden secreta:
Comprendemos que una a «separados», pero a las parejas y los novios ¿para qué los va a unir? ¿acaso los une como siameses? ¿cree el Maestro que eso es el verdadero amor?
Pero el Maestro Ablae no se queda ahí, no. También «detiene divorcios» y nos preguntamos ¿cómo? ¿sobornando al juez? Y además «retira amantes», aunque suponemos que quien tiene uno, no quiere que se lo retiren…

«Se trata de algo simple, uno observa alrededor y piensa largo y tendido en lo que ve, lo dice de la manera más corta posible y se lo enseña a la gente para que lo comenten.»

Opinión de un crítico en una charla sobre Franz West.

“…
Por esa conciencia [de la responsabilidad en las propias decisiones] el ser humano se enfrenta a su propio juicio.
1.- En cualquier juicio no se permite ser juez y parte.
Muchos de los occidentales nos hemos criado en la cultura de la culpa, conocemos el mecanismo por el cual alguien deberá cargar con ella y no nos gusta que nos incluyan en el reparto, así que, ya de niños, pronto aprendemos aquello de “yo no he sido”.
2.- En cualquier juicio se parte de la presunción de inocencia.
Pero, ¿y si sabemos que sí hemos sido? Nuestra moral nos abocará a un castigo, ¿nos lo infligiremos? y en ese caso ¿nos redimiremos? No podemos ser libres si no nos perdonamos a nosotros mismos.
3.- El objetivo de la pena sentenciada a un culpable debe ser su reinserción.
…”

Del artículo “No me mires tan cerca” de Salvador Brió aparecido en RIPS Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas.