¿Accidente?

El viaje hasta las montañas iba a ser largo. No iban a dejar la carretera en, al menos, cuatro horas, así que se arrellanó cómodamente en su asiento de acompañante. Mientras, David conducía y cambiaba de nuevo de música. Susanne aprovechó el momento para hacer poner en práctica el consejo de Charly, debía “concentrarse en un detalle y dejar que la idea surgiera”. Eligió un coche que les adelantaba por el carril rápido y permanecía diez metros delante de ellos, un Picasso. Y la idea surgió: su tubo de escape iba a caer. Abrió los ojos, sorprendida, como si el tubo ya hubiera caído. Pero el tubo no cayó y el coche siguió avanzando hasta que se perdió de vista. Susanne perdió inmediatamente interés en el experimento.
El siguiente coche que se colocó a la misma altura del Picasso fue un Toyota cuyo tubo de escape, de repente, empezó a rozar el asfalto.
-¡Mira! ¡A ese coche se le ha soltado el tubo de escape! No se ha dado cuenta, vamos a decírselo.- Dijo Susanne agarrando a David por el brazo.
– Ya se dará cuenta, ¿no?- El hombre no se inmutó.
– Por favor, hazle luces, no te cuesta nada, va…- Ella sabía que con eso no bastaría.- Es que me he concentrado en un tubo de escape de otro coche y se le ha caído a este…
– ¿Qué?
– Va, avísale, el tío no se ha dado cuenta…- El tubo empezó a despedir chispas y David accedió ante las súplicas de Susanne. Se colocó detrás del Toyota y le lanzó algunas ráfagas. El conductor reaccionó y comprendió que no se le pedía que se apartara sino que se trataba de alguna avería. Se desvió hacia la siguiente salida y David le siguió. Un hombre gordo de mediana edad se bajó del coche y empezó a rodearlo meneando la cabeza para encontrar el desperfecto.
Los chicos bajaron también y Susanne le dijo nerviosamente que no podían dejar que continuase el camino sin decirle que su tubo de escape estaba suelto. El hombre gordo les agradeció el gesto y se quedó allí observando la gravedad del asunto mientras David y Susanne se dirigían ya hacia su coche para retomar el viaje. David le dijo, riendo:
– ¿Por qué no le has dicho que has sido tú? – Ella le miró con apuro y finalmente dijo:
– Porque no es problema mío.
…”

Primera premonición de Susanne en Lejos de aquí, cerca de allí de Marie-Eve Bisset.

Coleccionado en Fragmentos estelares

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