Electrodomésticos de la familia

En ocasiones el animismo puede inspirar a las personas a hacer cosas curiosas: en un piso de estudiantes de Barcelona, compartido por un grupo variable de hasta seis personas, cada vez que un electrodoméstico cumple años o muere, se reúnen todos los que lo han usado a lo largo de la historia del piso para celebrar una fiesta o un velatorio, según convenga. Unos se apuntan, otros no, según les parezca.
Mención especial merece el imán artesanal que recibió la nevera en su decimoquinto aniversario, lamento no poder incluir documentación gráfica. Deberá bastar con decir que se trata de un pastel de cartulina con un 15, dos marcianos y una vaca con gafas de sol.

Lunes, primera hora:
Me planto con mis papeles,
lo mismito que ayer.
Miro de nuevo en el bolso,
sí, he traído el carnet…
Y ahí estaba él: el empleado del mes.
Y ahí estaba él: el empleado del mes.
Y ahí estaba él: el empleado del mes.

Ay, venga, maldito canalla,
me estás matando,
basta de jugar.
Te he dado todo lo que tengo,
maldito canalla,
me vas a matar.

Ya he hecho lo que me has pedido:
colas, instancias, leer y firmar…
sin recibir nada a cambio
más que otro sello en el historial.

Te busco, te encuentro, te odio,
con tu desdén
me haces sufrir.
Ay, venga, maldito canalla,
me estás matando,
dependo de ti.

La Chula Sindientes, canción de su primer disco Sus vais a enterar

“Hay personas que se obsesionan por cosas, ¡qué gran error! Hay que tratar a las cosas como nos tratan ellas a nosotros. Las cosas se ocupan de sí mismas, no somos tan importantes para ellas.”

Ensayos sobre Budismo Zen. Segunda serie por Daisetsu Teitaro Suzuki.

Ella: Lleva horas subiendo y bajando en un ascensor incontrolable que pasa por pisos conocidos y luego sube hasta andamios desconocidos. Ya ha renunciado a su libreta colegial olvidada y desciende hasta un párquing con estanterías vacías ordenadas en pasillos iluminados con una luz hiriente, diáfana y artificial. Se dirige con comodidad mundana hacia una luz distinta, cálida. Por fin puede llegar al exterior, a la calle.
Justo entonces él…
– Despiértate ya, ya han acabado, ¡venga! Ya han puesto todo en su sitio. Están esperando a que lo veas y le des el visto bueno al día.

Él: No puede dormir desde las 6, la mira a su lado y piensa que despierta gana mucho. Dormida él no la reconoce, le cuesta recordar qué ha ido bien y qué no, desde que viven juntos. Piensa que no estuvo bien su asunto con la rubia de pelo alborotado, pero no consigue sentirse mal. Poco a poco sale el sol, ella aún duerme y él empieza a inventar cualquier cosa para retenerla a su lado y conservar la apuesta de los dos. Le vence la espera y…
– Despiértate ya, ya han acabado, ¡venga! Ya han puesto todo en su sitio. Están esperando a que lo veas y le des el visto bueno al día.

Marnie Braddock

“Cuando alguien habita en tu cabeza puede desordenártela. Y que cuándo quieras echar mano de algún recuerdo, ya no esté. Puede haberlo cambiado de sitio, o haberlo robado, o estropeado para siempre.”

En El hombre inolvidable de Alejandra Bustillo.
Ilustración sobre la teoría de Franz Joseph Gall acerca de la localización de los atributos del carácter, principios del siglo XIX.

“…
¿Por qué un corto, que ya es corto, tiene un ritmo más lento que un largo? ¿Por qué no apuran si tienen menos tiempo? Hay algunas tendencias en el cine, que no comprendo, que parecen consistir en cansar al pobre espectador. Cuando uno de estos hace un corto ¿intenta que te canses en menos rato?
…”

David Manning en una mesa redonda sobre cine.

“…
Lo siento, yo no perdono,
tranquilo es a ti a quién no olvido.
Ahora toca la culpa,
es negra y yo no la quiero,
es blanca y es una bandera
que está en la cima del mundo.
El mundo rueda cuesta abajo
y cae en una cama de oro.
…”

Fragmento de la canción Sinfonía en mal menor de Pilar Cuesta.

“…
Finneman – Todo el mundo tiene madera de espía. Por ejemplo, piensa en todas esas personas que se sientan a tu lado en el metro. Si revuelven el bolso para buscar algo, ¿no es cierto que se te escapa la mirada?

Carver (molesto) – Yo no me fijo, no tengo porqué, no me interesa y no lo hago.

Finneman (concesivo) – Hace unos días una mujer estaba a mi lado en el metro, se le había perdido algo, y no pude evitar espiarla, pensar adónde iba y a qué. Pero me di cuenta de yo tenía en la mano el papel que estaba usando como punto de libro mientras leía, ¡y en papel estaba escrita la dirección del lugar adónde iba! Lo giré como un acto reflejo.

Carver (cínico) – ¿Y crees que la mujer te iba a seguir? ¿O informar a sus superiores? Si tanto os interesa la vida de los demás deberíais tener las narices de reconocerlo. Finneman, si esa mujer era tan entrometida como tú quizás estáis hechos el uno para el otro.

Finneman (sonrojado) – Especulas, Carver, especulas…
…”

En la obra Mil uno, mil dos, mil tres… de Marcel Michaels.

Ya no sabe qué hacer.
Piedra
Por la mañana al desconchar el azucarero de vidrio con un golpe seco contra el mármol blanco descubre que su derecho es pedir a gritos tener razón.
Papel
Más tarde, al pasar bajo las líneas de luz de las persianas descolgadas siente que todo vale el nombre que lleva, y el tuyo le suena tan dulce.
Tijera
Al volver sobre sus pasos y notar el ardor de la arena incrustada entre las uñas que arañaron metal sabe que aún guarda las palabras que tú le prestaste para explicar que ya no te besa.
Y no te las va a devolver.

Marnie Braddock