Las miradas furtivas en los transportes públicos

“…
Finneman – Todo el mundo tiene madera de espía. Por ejemplo, piensa en todas esas personas que se sientan a tu lado en el metro. Si revuelven el bolso para buscar algo, ¿no es cierto que se te escapa la mirada?

Carver (molesto) – Yo no me fijo, no tengo porqué, no me interesa y no lo hago.

Finneman (concesivo) – Hace unos días una mujer estaba a mi lado en el metro, se le había perdido algo, y no pude evitar espiarla, pensar adónde iba y a qué. Pero me di cuenta de yo tenía en la mano el papel que estaba usando como punto de libro mientras leía, ¡y en papel estaba escrita la dirección del lugar adónde iba! Lo giré como un acto reflejo.

Carver (cínico) – ¿Y crees que la mujer te iba a seguir? ¿O informar a sus superiores? Si tanto os interesa la vida de los demás deberíais tener las narices de reconocerlo. Finneman, si esa mujer era tan entrometida como tú quizás estáis hechos el uno para el otro.

Finneman (sonrojado) – Especulas, Carver, especulas…
…”

En la obra Mil uno, mil dos, mil tres… de Marcel Michaels.

Coleccionado en Fragmentos estelares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*