Categoría: Sucedidos

Sucedidos: Fascículo 5

La lógica de los niños

En los comedores de lo colegios los niños deben colaborar para poner la mesa y recogerla. Y precisamente en esas estaba una de las niñas:
– ¡Señu, dame un tenedor para Juanito!- A una las monitoras.
– Y Juanito, ¿no tiene piernas?
– Sí, piernas sí que tiene, lo que no tiene es tenedor.

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Sucedidos: Fascículo 4

Concursos de estalactitas de mocos


Entre otras cosas que nos llaman poderosamente la atención respecto a los Estados Unidos se cuenta esa fascinación por la escatología en los institutos de secundaria.

El fenómeno que nos ocupa nació en Olivehurst (California), que casualmente también estuvo de actualidad por el asesinato de un profesor y tres alumnos en 1992. Allí unos alumnos se dedican a datar, desde hace varios cursos, la resistencia de sus mucosidades colgantes del techo de las aulas. Este inusitado interés recibe el nombre de Stalactites of mucus’s Contest (Concursos de estalactitas de mocos) y se ha extendido por distintos centros de todo el país. Por ejemplo, se tiene noticia del seguimiento de estas actividades en Sharonville (Ohio), Tucson (Arizona) y varios centros de las dos Dakotas. Se valora en ellos tanto la longitud como la duración de las mucosidades resecas que alguna vez fueron escupidas en el techo. Asimismo existen nuevas aportaciones que pretenden tomar el relevo de las estalactitas más duraderas.
Por la naturaleza de los elementos en concurso cabe suponer que estamos hablando de años.

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Sucedidos: Fascículo 3

El hombre del torso desnudo


Es sabido que el verano desinhibe a las personas, por un lado, y que las recalienta, por otro. Buen ejemplo de la confluencia de estos dos aspectos es la cantidad de piel que algunas personas exhiben orgullosas. La base objetiva de este orgullo es variable y de ahí que el impacto que cause la visión de según qué sea más variable aún.

Una tarde de un prematuramente caluroso junio se paseaba por una calle muy concurrida un hombre con el torso desnudo. Sudoroso como iba nadie osaba acercarse a él, lo que provocaba que el resto de transeúntes lo rodeara con un corro a su paso para evitar roces pringosos. Nuestro hombre sigue andando, a salvo de los empujones y ajeno a las caras de desagrado con que le miran algunas mujeres mayores.
De pronto una chica sale de la farmacia corriendo para coger el autobús que se acerca. En su carrera choca con el hombre del torso desnudo, y mirando con asco el sudor del hombre en su propia piel, le increpa:
-¿Pero qué haces? ¿Es que quieres darles ideas a los que tienen más barriga que tú?
La carcajada fue general.

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Sucedidos: Fascículo 2

Fiestas y velatorios de electrodomésticos


En ocasiones el animismo puede inspirar a las personas a hacer cosas curiosas: en un piso de estudiantes de Barcelona, compartido por un grupo variable de seis personas, cada vez que un electrodoméstico cumple años o muere, reúnen a todos los que lo han usado en la historia del piso para celebrar una fiesta o un velatorio, según convenga. Unos se apuntan, otros no, según les parezca.

Mención especial merece el imán artesanal que recibió la nevera en su decimoquinto aniversario, lamento no poder incluir documentación gráfica. Deberá bastar con decir que se trata de un pastel de cartulina con un 15, dos marcianos y una vaca con gafas de sol.

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Sucedidos: Fascículo 1

San Pancracio, el maltratado


Muchos de ustedes han oído hablar de la creencia de que San Pancracio da suerte en el trabajo. De hecho, no es extraño ver una imagen del santo con una ramita de perejil en establecimientos de lo más variado. Pero las ceremonias cambian según el lugar y, por ejemplo, en Elche es costumbre castigar a la figurita si su intercesión no es efectiva.

Una tarde de verano dos mujeres de mediana edad hablan por teléfono cada una desde su negocio, una regenta un bar y la otra una pastelería. Aburridas por la falta de clientela, ya habían encerrado a sus respectivas figuritas de San Pancracio cada una por su lado, una en un armario y la otra en el congelador.
La del bar decide cerrar el negocio y reunirse con su amiga en la pastelería. Allí las dos, muy enfadadas con el santo, lo sacan del congelador y empiezan a maltratarlo a conciencia. Lo golpean contra el mostrador, lo tiran al suelo y pronto tenemos a dos mujeres hechas y derechas liándose a patadas y pisotones con la figurita.
Esta vorágine se ve interrumpida por otra, la de un tropel de clientes que llenan de repente el local.
Y alguien dirá quizás: “¿Vendrían del bar al encontrarlo cerrado?”.
Bien, y añadamos a eso: “¿O es que San Pancracio reaccionó tras la tortura?”.

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