Categoría: ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras

ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras: Fascículo 8

El expendedor de papel de boquita de piñón

Estos pobres expendedores que proliferan en nuestros lavabos están condenados a ser ingratos desde el mismo momento de su creación. Nunca permiten a sus usuarios servirse más que insuficientes trocitos de papel, en pequeñas y frustrantes dosis. Se podrá rebatir que se trata de una medida de austeridad para economizar papel. Ante eso diré dos cosas:
La primera, también de intenciones austeras podría estar el infierno lleno.
Y la segunda, ¡no está funcionando!
Dejen de tratarnos paternalistamente como a inconsistentes despilfarradores de papel y, sobre todo, no obliguen a estos pobres expendedores a ser tan roñosos y déjenlos expender con ganas, sin esa ridícula expresión mojigata.

Pd: ¿Por qué estos expendedores de papel van invariablemente acompañados de expendedores de jabón de manos en espuma? ¿Nuestras manos no merecen algo más que un triste escupitajo de aire espumoso?

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ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras: Fascículo 7

El voto nulo

¿Cómo de grande tiene que ser la cosa que metamos en el sobre de nuestro voto para que sea éste considerado nulo?
Veamos, si un pelo cae accidentalmente dentro del sobre probablemente nadie repare en ello, pero ¿y si se trata de algo más grande como un mosquito? quizás sea considerado un accidente. ¿Y si fuera una mosca? (muerta, se entiende). El accidente ya no está tan claro, empezarán a sospechar que estamos implicados. ¿Dependerá quizás de cuán repugnante sea lo que acompañe al voto? El límite siempre es nuestra imaginación.

Nota: Este texto no está basado en hechos reales. Se equivoca quien intente buscar entre líneas una apología de algo. No se pretende inducir a nadie a meter nada en ninguna parte, que cada uno meta donde quiera lo que, en conciencia, le parezca oportuno.

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ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras: Fascículo 6

Las maletas demasiado llenas o cómo no encontrar una aguja en un pajar

Las maletas deben contener todos los objetos que necesitamos para hacer nuestra estancia fuera de casa lo más cómoda posible. Ningún objeto más. Sin embargo, el catálogo de objetos inútiles puede a veces alcanzar lo surrealista: desde zapatillas de estar por casa para ir de camping, hasta paraguas para visitar el Sahara, pasando por todo tipo de prendas que uno no se pondría jamás si estuviera en su entorno habitual y que no llegarán a salir de maleta. ¿Cómo se pretende encontrar la comodidad en el caos?
Hay personas que, a modo de caracol, parecen transportar equipaje para mudarse de país aunque viajen por escasos días, y esto les provoca una preocupante obsesión por ser objeto de un robo. Quizás hubieran suavizado su obsesión si dejaran a buen recaudo sus objetos de gran valor sentimental o no acarrearan un neceser valorado en más de 600 euros.
Alguien me dirá que es posible que alguna de esas cosas acaben resultando útiles, a lo que responderé que tanto o más útil es llevar 10 metros de cuerda o una navaja suiza, cosas que, por cierto, acostumbran a llevar personas cuyas maletas pesan bastante menos. Aprendamos de ellos.

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ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras: Fascículo 5

La madre de todas las cacerolas


Las cacerolas, como recipientes ideados para cocinar, resisten bien el calor y permiten cocinar en condiciones higiénicas. Poco más se les tendría de pedir. Sin embargo se les pide que además se contengan las unas a las otras formando una pila, más o menos estable. Esto supone un gran hallazgo para la comodidad en el hogar, no diré lo contrario, pero tiene consecuencias: ¿Qué culpa tiene la cacerola más grande para ser relegada al fondo de la pila? ¿Por qué acaba oxidada por el desuso y el roce continuo causado por la pereza que da retirar todas las otras cacerolas para llegar hasta ella? ¿Por qué ha de modificarse, tan paulatina como inexorablemente, su labor para acabar siendo un mero contenedor que cobija a las demás cacerolas mientras ella misma pierde su identidad?

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ONG de Liberadores de Objetos Sin Fronteras: Fascículo 4

El posavasos o cómo simular que se evita lo que se desea


En principio uno usa posavasos para no ensuciar.
Analicemos: si lo que colocaremos sobre el posavasos ensucia, hubiera ensuciado la mesa, ahora ensucia un posavasos. ¿Qué ganamos con esto? limpiar más ¿es que acaso eso nos divierte?
Algún avispado dirá: “No se limpia más porque la mesa no se ha ensuciado”. Ya, y ahora me diréis que alguien capaz de poner un posavasos no limpiará la mesa. Limpia eso y más, os lo digo yo.
De los que ponen posavasos bajo cosas que no ensucian sólo diré que esa obsesión decorativa contra la suciedad raya lo morboso.
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